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La princesa Zayda
Tal como la campana en la distante torre de vigía de la Alhambra daba las doce, la fuente otra vez se agitó; y burbujeando, burbujeando, burbujeando, surgía entre el agua la femenina figura mora emergiendo a la vista. Era joven y bella; su indumentaria rica en joyas, y en su mano sujetaba una flauta de plata. Jacinta temblaba y se desmayaba, pero se reconfortó por la suave y lastimera voz de la aparición, y la dulce expresión de su palidez, melancólicamente contenida.